martes, 28 de diciembre de 2010

Buenos y Nuevos Mozos.

Nunca logré comprobar si esto ocurrió, o es una leyenda. Aunque no parece ser eso lo más importante para Don Matías.

Don Matías sufría el abandono de su mozo más mozo. Ese que lograba que los clientes volvieran a su restaurante. Ese que llevaba consigo las señas más personales del servicio genuino.

Al límite, Don Matías publicó un aviso como medida rápida y efectiva. “Tomo mozo con experiencia comprobable”. Para Don Matías, la experiencia era clave. Poder comprobarla, también.

Se presentaron 7 candidatos. Quedaron 2. Raúl y Tomy.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Casas donde el calor nunca llegó

Si bien es cierto que luchar contra el alto calor puede ser una disputa estéril, llevo pruebas en mi memoria de casas en las que el calor era menos calor, la vida era más vida, y el fresco era más fresco.

Casas que habitaban, o habitan aún, sobre colchones de adoquines. Casas a las que se accede subiendo dos escalones de mármol, preludios de un zaguán en el que el eco es más fuerte que el ruido de la calle, que por cierto es casi nulo.


domingo, 31 de octubre de 2010

La Universidad de la Calle

No son pocos quienes, con orgullo, expresan que muchos de los conocimientos que han utilizado para sobrevivir en ámbitos laborales, académicos o  - más simple - en la vida, no son oriundos de claustros académicos, sino de la "Universidad de la Calle", como eufemismo para identificar a la vida misma, esa que ocurre más allá de los muros domésticos, y que se va nutriendo de un sin fin de detalles vigentes en todas las etapas de la vida.


Frente a esto, y con un recorrido básico por el simple universo urbano, corresponde afirmar que es en la "Universidad de la Calle" donde, podría decirse:


lunes, 11 de octubre de 2010

Mentiras piadosas. Secuencia de una complicidad.

Sin la intención de revisar la ética del ser humano, ni mucho menos establecer modos de proceder fundamentales y eternos, cierto es que la aplicación de ciertas mentiras piadosas no deja de estar vigente.

Existe consenso en una mayoría silenciosa, acerca de la aprobación de enunciados piadosamente mentirosos, para evitar, cuanto menos atenuar, el impacto negativo de un hecho.

En este caso, se solicita en esta tribuna la aplicación de estas formulas en casos de consultas callejeras.

No resulta desconocido para nadie la instancia de pregunta urbana: ¿Estoy cerca de San Juan y Combate de los Pozos?" pregunta el peatón desprevenido, en Las Heras y Salguero.

Es en este preciso contexto en el que una mentira piadosa se impone como necesidad absoluta.

¿Por què decir "Sì, estás lejísimo, en la otra punta de la ciudad!?

Si lográramos un acuerdo tácito para que todos digamos, por ejemplo, que "Estás a 7 cuadras, seguí derecho . : . " y genera una cadena de mentiras piadosas en las que cada 7 cuadras, alguien - al ser nuevamente abordado con la pregunta - volverá a decir "No, estás cerca, estás a 7 cuadras. . . " y así llegar hasta el destino final, habiendo preguntado 5 veces cada 7 cuadras.

Podría preguntarse si este modelo no limita con la falta de respeto.

Este modelo tiende a garantizar un recorrido menos fatal, lejos de la desazón y ajeno a la frustración.

Pues en definitiva, cuando el transeúnte llegue a destino - al que igual hubiera llegado con el modelo del "Uh, estás lejísimo" -  un duende de esos que habitan en los descansos de las escaleras del subte en Buenos Aires, dejará la oscuridad por un instante, y lo ayudará a entender que en el camino, este peatón se cruzó con gente que intentó ayudarlo a ser un poquito más feliz.

Sólo necesitamos ponernos de acuerdo.

viernes, 1 de octubre de 2010

Un pasito para atrás, así entramos todos.

. . . Un domingo de viento y lluvia en Buenos Aires, caminaba por Corrientes, llegando a Reconquista. Me saludaban los barredores de bares, que además me regalaban ese aroma a amoníaco y lavandina, penetrante hasta las venas . . .

En un poste de luz, clavado, y al límite de borronearse por la lluvia, encontré este texto . . .

"Un pasito para atrás, así entramos todos".

Quizás el error fue pensar que había lugar para un deporte más. El encanto de un nuevo invento, los sueños de llevar adelante un proyecto propio, plantar un libro, escribir un hijo, tener un árbol. Todo eso parecía transformarse en realidad cuando el creador del paddle veía reproducirse infinitamente su cancha con paredes encerradas.

El anhelo se había convertido en realidad. Estaban por todos lados. Hasta reemplazaron canchas de tenis, deporte artistocrático instalado hace años. Todo estaba listo: paletas, vestimenta, pelotitas, equipos de a dos, rebotes contra la pared.  Nadie tuvo que aprender, ya todos sabían como jugar.

Rápidamente hubo entrenadores de paddle, competencias de paddle, canchas en lugares recónditos. Además, era fácil. Misma forma de puntaje que el tenis, reglas más o menos claras y a jugar. Era el primer día del resto de su vida. La cresta de la ola.

Pero, claro, los rumores no tardaron en llegaron: cuidado con las rodillas, es una superficie muy áspera, tenés que conseguir tres personas más... De un día para el otro, miles de paletas directo a las bauleras. Zapatillas que volvían a mancharse de polvo de ladrillo y nuevas generaciones que conocieron las canchas de paddle como espacios de cemento verde con rajaduras y plantas. Quedaron sin redes, cayendo de a poco.

Nadie las sepultó ni las despidió. Fueron olvidadas. Dicen que este señor compró las pocas que quedaron. Alguna cerca de la autopista que pronto transformará en museo.

Paddle: el deporte que un día nos olvidamos cómo jugar.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Esos raros taxistas nuevos.


El avance de la tecnología, y su inserción en nuestras cotidianas vidas, solo parece ser portador de buenas noticias. Al menos para quienes disfrutamos de accesorios que nos conectan y nos facilitan nuestros procesos habituales, el vínculo con blackberries, celulares, ipods, mp75s, notbooks, netbook, gps, entre otros "chiches", es sin duda una buena noticia.

No obstante, comienzan a avizorarse algunas escenas en las que, precisamente, el avance de la tecnología, aparece destinado a robar el misterio, seducción y hasta el glamour que ciertos oficios tienen, adquirido no sin esfuerzo y dedicación, a partir de la habilidad humana y no tecnológica.

Arriba de un taxi en Buenos Aires, observar desde el asiento de atrás que el otrora groso "tachero" ahora lleva un GPS pegado en la luneta delantera, y que carga los datos cuando un le dice "Montevideo y Posadas, por favor" es casi una bandera blanca. Es la firma de la rendición.

Quitarle al taxista (o que el se lo quite por decisión propia) la posibilidad de lucirse con cara de dueño del mundo, cuando uno informa sus coordenadas, es quitarle su orgullo. Ni hablar de la voz del GPS diciéndole al taxista "doblar, doblar" . . . y que encima el taxista doble.

En el extremo, el Gps brinda el recorrido más corto, ignorando tráfico o cortes por protestas sociales. Por lo que entonces, el taxista obediente de su adláter tecnológico, perderá otro de sus sellos diferenciales: el llevarnos por caminos alternativos, por senderos secretos, que sólo el conoce, y lo hace saber desde el asiento de adelante, con el orgullo de quien lleva consigo años de pisar las calles de Buenos Aires.

Bajarse de ese taxi, y entrar a un bodegón en el que el mozo anote en un Ipad o Palm el pedido, será el corolario adecuado en el paseo de la desilusión.

Ya que el mozo te anote el pedido, aún en papel, es otro tema a atender. . .

domingo, 26 de septiembre de 2010

Sobrevivientes, en la Ciudad.


La vocación aparentemente imparable de modernizar y actualizar el paisaje arquitectónico de las ciudades parece atentar contra los resabios y guiños que el pasado se encarga de enviar hacia el presente, con moderada expectativa de llegar al futuro.

No se trata aquí de convencer a arquitectos de derribar edificios modernos para construir casas antiguas - como una colega supo ilustrarme oportunamente e iniciativa que contaría con mi firma incondicional - sino al menos, de detectar dónde están esas imágenes que - a gritos, a veces - nos dicen que hoy es hoy, porque hay un ayer que contar, y conservar.

Fachadas, baldosas, esquinas, vías. El cuerpo del pasado puede tomar cualquier forma. Son "sobrevivientes" del tiempo antiguo. Con una pizca de la historia en el presente, todo parece más lindo. Incluso, más sabio. Quién puede estar en contra de adquirir sabiduría?


Buenos Aires esconde esos detalles a cada paso. La "Tapa de Obras Sanitarias" que ilustra estas líneas, mira desde el piso el andar veloz de los nuevos tiempos. Sin embargo, no presenta planes de retirarse. Parece eternizada. Si ya no se fue, si resistió el avance feroz de fin de siglo, es que decidió quedarse para siempre. 

Aunque encima de ella, el mundo, el tiempo y nosotros, avancemos con prisa, hacia ningún lado.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El "flagelo" de las "comillas" "manuales".

Casi sin darnos cuenta de cómo y cuándo, un grupo de seres humano terminó por adoptar una costumbre, que no por habitual, merece ser obviada. Es el "comilleo manual", ese gesto sobe el cual quién lo interpreta, presume de cierta intelectualidad o  - luego de 20 años de MTV en Argentina - podemos definirlo como "cool".

Sin embargo, como todo aquello que no se usa o consume con moderación y atinadamente, el exceso de "comilleo manual" transforma un recurso válido en algo que navega al borde de la irritación ajena.

Es que hoy, en ámbitos laborales y profesionales de distintas disciplinas, ya se usa el "comilleo manual" para multiples destinos, por no decir para cualquier "verdura":

  • Para acompañar una palabra "en inglés".
  • Para decir un adjetivo cuyo emisor pretende transmitir que debe ser "tomado con pinzas".
  • Para decir justamente "lo contrario" de lo que se quiere decir.
  • entre "otros"

Se han detectado casos de gavedad extrema, dónde no sólo es cuestionable la aplicación del "comilleo manual", sino además, el involucrado, ya no levanta las manos para hacer el gesto, y las hace a la altura de su cintura. Es, sin dudas, un encuentro cara a cara con "la derrota. . . ". A continuación, un episodio registrado en un Grupo de Autoayuda:

Hombres caballeros? Por interés.

Cuando aún hoy suenan voces que afirman, no sin aspiraciones de convencer al mundo, que el ser humano varón dista de ser lo que se conoce como un caballero, salvo que se esfuerce o encuentre un motivo para serlo, podemos encontrar ejemplos que - para pesar de la raza masculina - tenderían a confirmar esta audaz teoría.

a) Embarazo de su pareja.
De repente, ese hombre que nunca se ocupó de evitar que la dama no hiciera esfuerzos innecesarios, evitara andar en transportes públicos, recibiera asistencia al bajar de un auto, etc, es ahora un caballero cordial y gentil. Lo triste es que parece serlo por la tercera persona por venir.

b) Seducción
Primeras salidas de parejas, ese hombre es un abridor de puertas de auto permanente, sirve la bebida en el vaso de ella casi como un gesto incondicional, consulta sobe què radio quiere escuchar en el auto, y demás actitudes dignas de un noble consorte.
Todos gestos que tienden a la desaparición después de alcanzado el objetivo.

No siempre es asi. La raza de caballeros perdura. Pero hay alguien que se atreva a contradecir a aquellas voces agoreras? No voy a ser yo. . .

Ese intervalo inoportuno

Sólo recurriendo a la mitología griega, entre las más reconocidas, se puede encontrar situaciones en las que Dios concede al hombre exactamente aquello que este último le pide en forma de súplica.

Normalmente, dichas concesiones pertenecen al mundo de la naturaleza, como lluvias reparadoras para periodos de sequías, o vientos que soplan en el momento en el que las barcazas buscan legar a un destino  no muy lejano, aunque no por ello intrascendente.

Si hoy en día, el hombre pudiera pedir a su Dios con la certeza de satisfacción garantizada, el intervalo entre las series de ejercicios con aparatos en un gimnasio podría estar primero en la lista.

Creado por los profesionales de la preparación física como un espacio de tiempo de descanso entre dos períodos cortos de actividad que implica cierto esfuerzo, se presenta en el atleta desprevenido a través de su entrenador, quien al explicar los detalle de una rutina física, incorpora la frase  “entre una y otra parás un ratito”.

Sin ser este una monografía que pretenda cuestionar la eficiencia o no de ese intervalo, sí creemos necesario señalar a ese intervalo como el intervalo inoportuno.

Luego de estudios de opinión realizados sobre hombres que asisten de manera periódica a un gimnasio, pero que no pertenecen a la elite atlética de su región, se comprobó que:

  • Nadie sabe qué hacer en ese intervalo.
  • Esa falta de actividad lleva a que se tomen decisiones curiosas, como mirarse al espejo durante todo lo que dura el intervalo.
  • Tampoco es un momento propicio para el inicio de diálogos entre vecinos de pesas y mancuernas, pues si bien es un intervalo adecuado para el descanso, también es lo suficientemente corto para concluir una charla con un mínimo de sentido.
  • Aplicado este criterio al conjunto de los que conviven en un mismo momento, la obvia conclusión es que se presenta una situación única y curiosa a la vez: mucha gente en silencio, mirándose al espejo, caminando sin destino, y con un andar diferente al que tendrá al minuto de abandonar ese espacio.
Seres que al momento posterior de terminar su intervalo inoportuno, corren el riesgo de empezar a correr no ya sin destino alguno, sino además, sin avanzar un metro.

Peatonales: Mano y contramano.

Una segunda lectura de los hechos que ocurren frente a nosotros, nos permite ver aquello que en principio no se muestra.

En una ciudad como Buenos Aires - en la que en cada esquina algo ocurre, un poblema encuentra solución, y cada solución es un nuevo problema - no detenerse a observar la temperatura de sus peatonales más famosas, sería condenarnos a ignorar 2 de las más importantes venas y arterias que llevan oxígeno al motor central de esta Ciudad.

Y ahí nace la pregunta: ¿Pueden las peatonales tener mano y contramano, como las calles y avenidas destinadas a los autos? ¿Florida, es mano para dónde? ¿Lavalle, es doble mano?

Las respuestas pueden ser distintas, como cada uno de los estudiantes, oficinistas, cadete, mùsicos callejeros, mimos, vendedores ambulantes, arbolitos y turistas transiten las peatonales.

Aunque para mí sea más que evidente que Florida es mano de Rivadavia a Plaza San Martin.

Si camino en el sentido inverso, me siento de contramano.

Simil situación al recorrer la vibrante Lavalle. Es más que obvio que si uno la recorre desde 9 de Julio hacia el Bajo, estaría yendo en el más común de los sentidos. Remontarla en sentido inverso, no será otra cosa que, efectivamente, "remontarla", lo cual nos confirma la contramano.

No obstante, ambas peatonales - recorridas en el sentido que sea, mano o contramano - merecen ser visitadas, contempladas y valoradas. Son resabios del pasado, noticias del presente, e historia paa el futuro.