Frente a la saludable ceremonia de declarar Ciudadanos Ilustres a personalidades de relevancia en la vida cotidiana de ciertas urbes, corresponde repensar si tales distinciones recaen sobre aquellos que la merecen.
La primera reflexión es que sí. Aunque tal afirmación no debiera impedir reformular el universo de posibles "reconocibles". Es que las ciudades, más allá de lo tangíble - entiéndase esto por edificios, calles, transportes - forman su identidad a partir de hechos, tradiciones, ceremonias, que no sólo las hacen únicas, sino que además, garantizan su trascendencia.
