Era ese mismo pueblo de verano. Claro que esta vez, como cada año, infalible, se vivía el crudo invierno. Era ese mismo pueblo de verano, pero sin verano. La imagen emulaba a la de una película a quien alguien hubiera frenado. Como una mano imaginaria que, apretando el botón de "pausa", frenó su andar en el último día de febrero de este año. Y todo quedó inmovil. Congelado. A la espera de la vuelta a la vida...
En aquel pueblo de verano sin verano, con el frío del invierno como único mensaje, el año pasaba como un instante perpetuo. Como una vida en stand by.
Por sus cuadras y arterias, se podían ver las últimas señales de un verano que se fue . . .
En una casa de juegos electrónicos del centro, un elefante dumbo de plástico frenó su vuelta a dos metros de altura, y allí sigue.
