El inicio del verano deja asientos vacíos y se presenta como el momento ideal para establecer nuevas amistades en la comunidad charteril. Pero, también, aumentan las venganzas por el tostado playero.
La dinámica de viajar cotidianamente en chárter, con las mismas personas que, en el andar de un año, se transforman en amigos charteristas, genera un vínculo de afecto al que le queda grande la definición de genuina amistad, pero que, al mismo tiempo, ya no le cabe el mote de "conocido". Es una zona media, gris.
Digamos que aquellos que hablan cotidianamente, de modo paulatino, se convierten en "los amigos del chárter".

