jueves, 27 de diciembre de 2012

La Dictadura del Pionono

Publicada en Guía Oleo, Diciembre de 2012

¿Por qué las tías imponen el pionono, el vitel toné y quién prepara la ensalada de frutas? ¿Quién dice que las más jóvenes tienen que llevar los turrones o el helado? Las fiestas y el feroz imperio de los mandatos familiares.

“Y, olvidate, los tomates rellenos los trae la tía Olga. Le llegamos a cambiar eso, se ofende y no viene”.

La proximidad de las fiestas reaviva esta clase de curiosos fundamentalismos que parecen arraigados en el corazón de muchas familias, cuyos veredictos se transfieren de generación en generación, casi a niveles de dogma.


En el volátil camino de organizar la velada navideña, son muchos los ítems tendientes a abrir discusiones, las cuales sólo a partir de la sabiduría de la mayoría de la parentela –no el total– se evitan y no suelen llegan a mayores.

Aún en ese contexto, la dictadura del pionono aparece con la misma fuerza que se instala la leyenda navideña en los más chicos.

El armado del menú gastronómico del 24 tiene protagonistas excluyentes, que descansan todo el año con la tranquilidad de saber que para esa noche se asume que determinado plato será aportado por ese protagonista. Y sin discusión. Y sin invitación a repensar. Casi como un derecho adquirido de por vida. Perpetuo.

“Y yo, ¿qué querés que lleve, mamá? ¿Querés que haga la ensalada de frutas?”, suelen preguntar las mujeres de las nuevas generaciones, con pocos años de matrimonio, pretendiendo asumir roles que les son negados, y que creen que por ser de las “casadas” de la familia, deberían asumir.

“No. La ensalada de frutas siempre la hace Stella Maris, la amiga de Horacio, que trae el 24 porque está sola. Y no quiero pelearme con tu tío”.

Y la dictadura del pionono se traslada así al clásico e invariable menú de la Nochebuena. La “waldorf” ya tiene dueño, como así también el mencionado pionono, los tomates rellenos, el matambre, el vitel toné y los turrones blandos.

Nadie encuentra respuesta a la pregunta del porqué. Ninguno de los dueños históricos de los tomates rellenos, pionono, vitel toné, waldorf, matambre y turrones se destaca por presentar una versión inolvidable de ese plato, que justifique tal fundamentalismo.

Sin embargo, la tradición y la comodidad de frases como “la waldorf la trae Esther, lo tiene agendado desde marzo” aparecen como un argumento, aparentemente, irrefutable.

Mientras tanto, las nuevas generaciones de parientes son ninguneadas, permaneciendo fuera de la camarilla gastronómica navideña, destinadas a roles menores. El reemplazo, lamentablemente, se sospecha que aparecerá con el testamento, el legado.

Con frases como “vos traé el helado” o, peor aún, “encargate del hielo”, las matriarcas de las familias postergan a jóvenes voluntariosas, condenándolas, sin saber, al ostracismo gastronómico, a actores de reparto. Son ellas las víctimas inocentes del flagelo conocido como “La Dictadura del Pionono”.