Publicada en Guía Oleo, Diciembre de 2012
¿Por qué las tías imponen el pionono, el vitel toné y
quién prepara la ensalada de frutas? ¿Quién dice que las más jóvenes tienen que
llevar los turrones o el helado? Las fiestas y el feroz imperio de los mandatos
familiares.
¿Por qué las tías imponen el pionono, el vitel toné y
quién prepara la ensalada de frutas? ¿Quién dice que las más jóvenes tienen que
llevar los turrones o el helado? Las fiestas y el feroz imperio de los mandatos
familiares.
“Y, olvidate, los tomates rellenos los trae la tía
Olga. Le llegamos a cambiar eso, se ofende y no viene”.
La proximidad de las fiestas reaviva esta clase de
curiosos fundamentalismos que parecen arraigados en el corazón de muchas
familias, cuyos veredictos se transfieren de generación en generación, casi a
niveles de dogma.
En el volátil camino de organizar la velada navideña,
son muchos los ítems tendientes a abrir discusiones, las cuales sólo a partir
de la sabiduría de la mayoría de la parentela –no el total– se evitan y no
suelen llegan a mayores.
Aún en ese contexto, la dictadura del pionono aparece
con la misma fuerza que se instala la leyenda navideña en los más chicos.
El armado del menú gastronómico del 24 tiene
protagonistas excluyentes, que descansan todo el año con la tranquilidad de
saber que para esa noche se asume que determinado plato será aportado por ese
protagonista. Y sin discusión. Y sin invitación a repensar. Casi como un
derecho adquirido de por vida. Perpetuo.
“Y yo, ¿qué querés que lleve, mamá? ¿Querés que haga
la ensalada de frutas?”, suelen preguntar las mujeres de las nuevas
generaciones, con pocos años de matrimonio, pretendiendo asumir roles que les
son negados, y que creen que por ser de las “casadas” de la familia, deberían
asumir.
“No. La ensalada de frutas siempre la hace Stella
Maris, la amiga de Horacio, que trae el 24 porque está sola. Y no quiero
pelearme con tu tío”.
Y la dictadura del pionono se traslada así al clásico
e invariable menú de la Nochebuena. La “waldorf” ya tiene dueño, como así también
el mencionado pionono, los tomates rellenos, el matambre, el vitel toné y los
turrones blandos.
Nadie encuentra respuesta a la pregunta del porqué.
Ninguno de los dueños históricos de los tomates rellenos, pionono, vitel toné,
waldorf, matambre y turrones se destaca por presentar una versión inolvidable
de ese plato, que justifique tal fundamentalismo.
Sin embargo, la tradición y la comodidad de frases
como “la waldorf la trae Esther, lo tiene agendado desde marzo” aparecen como
un argumento, aparentemente, irrefutable.
Mientras tanto, las nuevas generaciones de parientes
son ninguneadas, permaneciendo fuera de la camarilla gastronómica navideña,
destinadas a roles menores. El reemplazo, lamentablemente, se sospecha que
aparecerá con el testamento, el legado.
Con frases como “vos traé el helado” o, peor aún,
“encargate del hielo”, las matriarcas de las familias postergan a jóvenes
voluntariosas, condenándolas, sin saber, al ostracismo gastronómico, a actores
de reparto. Son ellas las víctimas inocentes del flagelo conocido como “La
Dictadura del Pionono”.