sábado, 25 de septiembre de 2010

El "flagelo" de las "comillas" "manuales".

Casi sin darnos cuenta de cómo y cuándo, un grupo de seres humano terminó por adoptar una costumbre, que no por habitual, merece ser obviada. Es el "comilleo manual", ese gesto sobe el cual quién lo interpreta, presume de cierta intelectualidad o  - luego de 20 años de MTV en Argentina - podemos definirlo como "cool".

Sin embargo, como todo aquello que no se usa o consume con moderación y atinadamente, el exceso de "comilleo manual" transforma un recurso válido en algo que navega al borde de la irritación ajena.

Es que hoy, en ámbitos laborales y profesionales de distintas disciplinas, ya se usa el "comilleo manual" para multiples destinos, por no decir para cualquier "verdura":

  • Para acompañar una palabra "en inglés".
  • Para decir un adjetivo cuyo emisor pretende transmitir que debe ser "tomado con pinzas".
  • Para decir justamente "lo contrario" de lo que se quiere decir.
  • entre "otros"

Se han detectado casos de gavedad extrema, dónde no sólo es cuestionable la aplicación del "comilleo manual", sino además, el involucrado, ya no levanta las manos para hacer el gesto, y las hace a la altura de su cintura. Es, sin dudas, un encuentro cara a cara con "la derrota. . . ". A continuación, un episodio registrado en un Grupo de Autoayuda:

Hombres caballeros? Por interés.

Cuando aún hoy suenan voces que afirman, no sin aspiraciones de convencer al mundo, que el ser humano varón dista de ser lo que se conoce como un caballero, salvo que se esfuerce o encuentre un motivo para serlo, podemos encontrar ejemplos que - para pesar de la raza masculina - tenderían a confirmar esta audaz teoría.

a) Embarazo de su pareja.
De repente, ese hombre que nunca se ocupó de evitar que la dama no hiciera esfuerzos innecesarios, evitara andar en transportes públicos, recibiera asistencia al bajar de un auto, etc, es ahora un caballero cordial y gentil. Lo triste es que parece serlo por la tercera persona por venir.

b) Seducción
Primeras salidas de parejas, ese hombre es un abridor de puertas de auto permanente, sirve la bebida en el vaso de ella casi como un gesto incondicional, consulta sobe què radio quiere escuchar en el auto, y demás actitudes dignas de un noble consorte.
Todos gestos que tienden a la desaparición después de alcanzado el objetivo.

No siempre es asi. La raza de caballeros perdura. Pero hay alguien que se atreva a contradecir a aquellas voces agoreras? No voy a ser yo. . .

Ese intervalo inoportuno

Sólo recurriendo a la mitología griega, entre las más reconocidas, se puede encontrar situaciones en las que Dios concede al hombre exactamente aquello que este último le pide en forma de súplica.

Normalmente, dichas concesiones pertenecen al mundo de la naturaleza, como lluvias reparadoras para periodos de sequías, o vientos que soplan en el momento en el que las barcazas buscan legar a un destino  no muy lejano, aunque no por ello intrascendente.

Si hoy en día, el hombre pudiera pedir a su Dios con la certeza de satisfacción garantizada, el intervalo entre las series de ejercicios con aparatos en un gimnasio podría estar primero en la lista.

Creado por los profesionales de la preparación física como un espacio de tiempo de descanso entre dos períodos cortos de actividad que implica cierto esfuerzo, se presenta en el atleta desprevenido a través de su entrenador, quien al explicar los detalle de una rutina física, incorpora la frase  “entre una y otra parás un ratito”.

Sin ser este una monografía que pretenda cuestionar la eficiencia o no de ese intervalo, sí creemos necesario señalar a ese intervalo como el intervalo inoportuno.

Luego de estudios de opinión realizados sobre hombres que asisten de manera periódica a un gimnasio, pero que no pertenecen a la elite atlética de su región, se comprobó que:

  • Nadie sabe qué hacer en ese intervalo.
  • Esa falta de actividad lleva a que se tomen decisiones curiosas, como mirarse al espejo durante todo lo que dura el intervalo.
  • Tampoco es un momento propicio para el inicio de diálogos entre vecinos de pesas y mancuernas, pues si bien es un intervalo adecuado para el descanso, también es lo suficientemente corto para concluir una charla con un mínimo de sentido.
  • Aplicado este criterio al conjunto de los que conviven en un mismo momento, la obvia conclusión es que se presenta una situación única y curiosa a la vez: mucha gente en silencio, mirándose al espejo, caminando sin destino, y con un andar diferente al que tendrá al minuto de abandonar ese espacio.
Seres que al momento posterior de terminar su intervalo inoportuno, corren el riesgo de empezar a correr no ya sin destino alguno, sino además, sin avanzar un metro.

Peatonales: Mano y contramano.

Una segunda lectura de los hechos que ocurren frente a nosotros, nos permite ver aquello que en principio no se muestra.

En una ciudad como Buenos Aires - en la que en cada esquina algo ocurre, un poblema encuentra solución, y cada solución es un nuevo problema - no detenerse a observar la temperatura de sus peatonales más famosas, sería condenarnos a ignorar 2 de las más importantes venas y arterias que llevan oxígeno al motor central de esta Ciudad.

Y ahí nace la pregunta: ¿Pueden las peatonales tener mano y contramano, como las calles y avenidas destinadas a los autos? ¿Florida, es mano para dónde? ¿Lavalle, es doble mano?

Las respuestas pueden ser distintas, como cada uno de los estudiantes, oficinistas, cadete, mùsicos callejeros, mimos, vendedores ambulantes, arbolitos y turistas transiten las peatonales.

Aunque para mí sea más que evidente que Florida es mano de Rivadavia a Plaza San Martin.

Si camino en el sentido inverso, me siento de contramano.

Simil situación al recorrer la vibrante Lavalle. Es más que obvio que si uno la recorre desde 9 de Julio hacia el Bajo, estaría yendo en el más común de los sentidos. Remontarla en sentido inverso, no será otra cosa que, efectivamente, "remontarla", lo cual nos confirma la contramano.

No obstante, ambas peatonales - recorridas en el sentido que sea, mano o contramano - merecen ser visitadas, contempladas y valoradas. Son resabios del pasado, noticias del presente, e historia paa el futuro.