Frente a la saludable ceremonia de declarar Ciudadanos Ilustres a personalidades de relevancia en la vida cotidiana de ciertas urbes, corresponde repensar si tales distinciones recaen sobre aquellos que la merecen.
La primera reflexión es que sí. Aunque tal afirmación no debiera impedir reformular el universo de posibles "reconocibles". Es que las ciudades, más allá de lo tangíble - entiéndase esto por edificios, calles, transportes - forman su identidad a partir de hechos, tradiciones, ceremonias, que no sólo las hacen únicas, sino que además, garantizan su trascendencia.
Es así que la categoría de Ciudadano Ilustre debería incorporar a sus plaquetas a algunos de los responsables de dar vida, oxígeno, vibra y orgullo de pertenencia a cada uno de los habitantes de su ciudad.
En un pueblo perdido de Buenos Aires - y que a saber de muchos de sus habitantes, nada de ganas tiene de ser encontrado - la comuna invitó a sus vecinos a enviar sus candidatos para recibir las distinción de Ciudadano Ilustre.
Fueron muchos los sugeridos, entre ellos un ciclista que había ganado un interzonal. Sin embargo, las tres primeras posiciones fueron ocupadas por:
- "El heladero Don Julio, que cuando le preguntás "de qué gusto es ese", sin hablar agarra una cucharita y te lo da a probar. . ."
- "José, el calesitero, que maneja un sistema de sortija que garantiza justicia y equidad, siempre procurando que no haya niños que se saquen el premio de manera excesiva, repartiendo entre todos los presentes . . ."
- "Y María, una señora que vive en la calle 32, que con una canilla que tiene en el frente de su casa, permite que todo aquel que tenga sed, se incline y tome agua como si fuera la canilla del pueblo . . ."
Y había algunos más. La diferencia de votos frente a los demás era notable.
Fueron premiados. La Ceremonia fue multitudinaria y en la plaza principal. Desfilaron los bomberos.
Pero hubo un solo problema. Ninguno de los tres aceptó el nombramiento.
Argumentaron no merecerlo.

1 comentario:
Otra buena reflexion sobre las personas y las cosas simples que nos rodean y que son en escencia buenas sin siquiera un dejo de maldad. Personajes y costumbres que estan ahi, tan incorporados que se nos vuelven invisibles e invalorados. Sin menospreciar al modernismo ni entrar en nostalgias comunes del tiempo pasado, tus posts siempre me devuelven un pedazo de barrio. Coincido plenamente con lo del formado de identidad y la garantia de transcendencia. Muy bueno el desfile de los bomberos, pocas palabras, gan detalle.
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