En un poste de luz, clavado, y al límite de borronearse por la lluvia, encontré este texto . . .
"Un pasito para atrás, así entramos todos".
Quizás el error fue pensar que había lugar para un deporte más. El encanto de un nuevo invento, los sueños de llevar adelante un proyecto propio, plantar un libro, escribir un hijo, tener un árbol. Todo eso parecía transformarse en realidad cuando el creador del paddle veía reproducirse infinitamente su cancha con paredes encerradas.
Rápidamente hubo entrenadores de paddle, competencias de paddle, canchas en lugares recónditos. Además, era fácil. Misma forma de puntaje que el tenis, reglas más o menos claras y a jugar. Era el primer día del resto de su vida. La cresta de la ola.
Pero, claro, los rumores no tardaron en llegaron: cuidado con las rodillas, es una superficie muy áspera, tenés que conseguir tres personas más... De un día para el otro, miles de paletas directo a las bauleras. Zapatillas que volvían a mancharse de polvo de ladrillo y nuevas generaciones que conocieron las canchas de paddle como espacios de cemento verde con rajaduras y plantas. Quedaron sin redes, cayendo de a poco.
Paddle: el deporte que un día nos olvidamos cómo jugar.


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