Las ciudades costeras de la provincia de Buenos Aires, especialmente aquellas que se ubican a más de 300 km de la capital, suelen ser destino habitual de la mayoría de familias de clase media que - agotadas del ir y venir del año cursado - se prestan a volver a agotarse, producto del cuidado y entretenimiento de sus adorables niños.
Con el arribo de estas familias a estas playas soñadas (salvo por el viento, el agua fría y marrón, la arena hirviente y el amontonamiento hormigueril de personas), aparecen personajes y oficios típicos de la época.
No se pretende en este texto hacer una referencia de ellos, que bien identificados estarán por el generoso lector , sino postular la aparición de un ausente, al menos para este cronista: el "Ponedor de Bronceadores para niños".
¿Qué padre/madre no delegaría esa tarea en un tercero? Esta tarea implica tiempo, esfuerzo, energía, y sobre todo, una disputa física con el hijo involucrado, quien en sus primeros gestos de rebeldìa, buscará a toda costa frustrar el evento. No se debería ignorar que todo crece exponencialmente, de acuerdo a la cantidad de bronceandos.
El trabajo de "Ponedor de Bronceadores para Niños" sería así, muy simple: señor sentado en silla en la entrada del balneario, padre le deja a la "criatura" y le dice "cara, brazos, espalda, pecho, y - si te deja - piernas. Gracias. . . "
A los diez minutos, la descendencia aparece en la carpa, untada a pleno.
Se espera que el próximo verano aparezca este hombre salvador, el "Ponedor de Bronceadores para Niños". Lo que pida por sus servicios, será poco . . .

1 comentario:
Muuuy interesante tu sugerencia, estimado blogeador.
Espero que a todas esas familias argentinas con sus insoportables, digo adorables niños, puedan encontrar un digno ponedor de bronceador.
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