miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pasajes

En el menú de tipos de calles de una ciudad/barrio/pueblo existen calles, avenidas, peatonales, autopistas. Pero ninguna de ellas puede compararse con la mística, historia y tradición que tienen los pasajes.

Son testigos silenciosos de la historia. Son signos de otros tiempos. Su andar, el modo en el que se los camina, sus curvas, y las casas y locales que lo habitan, solo podrán estar ahí. Parecen nacidas y creadas para los pasajes.  Nunca un pasaje es un espacio tradicional y previsible. 
Los pasajes rumbean distinto a sus calles vecinas. A veces, desde una esquina no es posible ver la otra. No falta quien - recordando a las Crónicas del Angel Gris (Dolina, 1988) - afirme que cuando uno camina por un pasaje, corre riesgo de no volver a salir.
En los pasajes, cuentan, se esconden las historias más indelebles del barrio. Generaciones enteras, y distintas, guardan en sus maletines las anécdotas más diversas, que siempre ocurrían en un pasaje.
Unen calles de un modo no convencional. Son paralelas y perpendiculares al mismo tiempo. Los pasajes son capaces de lo imposible. Llevan el no hasta un sí profundo. Pueden nacer y morir en la misma calle.
Ciertamente, un pasaje es un espacio en el que todo puede pasar. Con personalidad. Con vida propia.
Tanto, que nadie duda en llamarlo por el nombre y apellido.
Siempre será "Pasaje (y el apellido)".
Es claramente una señal de respeto.
Brindo por los pasajes. Brindo por quienes se atreven a recorrerlos, aún a riesgo de no volver, de no salir. Por quienes se atreven a recorrerlos, sabiendo que no volverán, que se quedarán allí, para siempre.

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