La cédula verde. La VTV. El papelito del seguro. El
duplicado de las llaves del auto. Cambio para los peajes. Botellita de agua,
"así no frenamos". Las llaves del departamento alquilado. El teléfono
del señor de la inmobiliaria. Despertás a los "nenes" sin
despertarlos. Los subís al auto. Protestan. Se despiertan. Cerrás el baúl. Faltaba la tabla de barrenar. Reacomodás. Cerrás la casa. Dudás. Volvés a cerrarla. Arrancás.
No llegaste a Dock Sud. Pedís mate. Ya?, te responden.
Consecuentemente, los "nenes" piden tomar algo. Les decís que se
duerman. Que si se duermen, “llegamos antes”. No te creen. Igual se duermen.
Alguien te pregunta: “Cerraste el gas en la cocina, no?” Dudás. Respondés como
si estuvieras seguro. “Si, obvio”.
Pasan los peajes. Se te acumulan billetes de 2 pesos y
tickets varios. Necesitás estirar las piernas. Van 100 km. "No frenemos,
aprovechemos que "los nenes" duermen", sugieren desde el
acompañante. Tus meñiscos piden cambio. En realidad, morís por Atalaya. Decís
que no aguantás más. Que necesitás ir al baño. En definitiva, sos el
"héroe", sos "el que maneja". Lo lográs.
Frenás en Atalaya. Desborda. Estacionas a 300 metros. Te
bajás. Caminás como podés. Para medialunas, 45 minutos de espera. Gente con
riñonera desfila ante tus ojos. Se despertaron "los nenes". Todos al
baño. No tienen ganas. No importa, vayan porque
"no paramos más". Reponés agua del termo. Seguís. Todos
despiertos.
A la izquierda, se ven los desodorantes gigantes. Hacés un
chiste. No divierte. Pasás por Gándara. Les contás que cuando eras chico, te
daban dulce de leche gratis, y enfrente, agua mineral. No les importa.
Pasás por "el castillo". Con emoción, tratás de
que no se lo pierdan. Que lo vean. "Ahora!", "Dónde?!"
"Ahí"! imposible. Entre el poco entusiasmo y la endija mínima de
visibilidad entre los árboles, otro año comienza con un nuevo fracaso.
Faltan 100 km. Desde el asiento del acompañante, se decreta
que es hora de comer. De una bolsa de pan lactal, salen sanguchitos
prefabricados. Te piden que, además de todo, no hagas migas. Imposible. Tu
remera de "manejar en la ruta" es un mantel receptor de las migas y
pequeños pedacitos de fiambre. Dos de los tres "nenes" protestan.
Querían jugo en vez de agua...
El sol de la media tarde castiga de costado. Mandás
repasador a la ventana.
Llegás a destino. Con el auto cargado, vas a la
inmobiliaria. Dejás la garantía. Vas al departamento. Llegás. Gente que está de
antes, sale para la playa, fresca, mientras vos bajás valijas, bolsos, y dos
almohadas. Entrás. El departamento alquilado tiene todo, incluido olor a
amoniaco recién echado, un control remoto sin pilas, y un juego de scrabel al que le faltan fichas, perdido en un placard, al que le faltan fichas.
Te disponés a descansar. Tu familia te pide ir a la playa
YA! "así disfrutamos desde el primer día".
Subís las valijas arriba de las camas de colchas floreadas.
Rastrean mallas. Vos decidís ir con la ropa que usaste para viajar, "total
es un ratito". Remera agredida por el respaldo del asiento del auto, y un
bermudas beige arrugadísimo. Incluye cinturón. Te sacás las medias tres cuartos
blancas, de las que se compran de a muchas. Se vuelven a subir al auto, que
tiene rastros de ruta. Vas a la playa. Llegás. Hacés todo lo que hay que hacer
en poco tiempo. Entran al mar corriendo desde las carpas. Te sentás con la
sillita en la orilla. Tomás mate. Le comprás choclo a "los nenes".
Pedís un juego de tejo. Tus ojos se te caen. Estás despierto desde las 3, porque
había que salir con "la fresca".
Te arde la cara. Como era "un ratito", nadie se
puso protector. Todos rojos. Deciden volver. Escuchás "vamos, así vamos al
super...". No puede ser verdad. La primera compra. Van todos. En el chango
no falta el Odex, algunas valerinas y harina para pizzas. Incluso, un
desodorante de ambiente, que mezclas disimulado. Vas a pagar. La caja desborda,
entre gente tostada, otros blancos, y vos, rojo como tomate. Volvés al
departamento.
Llega el descanso. No.
A bañarse, así salimos a pasear por "el centrito".
Pedís que se bañen rápido, así alcanza el agua.
Concedés la prioridad al resto. Mientras tanto, te aislás
mirando un partido viejo del Nacional B, en TyC Sports.
Seguís con la cédula verde en el bolsillo de atrás del
bermudas beige. Te bañas. El rojo de las caras quemadas resalta más. A "los
nenes" les ponen crema. Te ofrecen. Rechazás. Te obligan. Ahora sí. Todos rojos,
bañados, brillantes y encremados listos para pasear por el “centrito” y comer
una pizza sentado en una mesa en la vereda. Se lleva un abrigo, "porque en
la costa, a la noche refresca". Pulovercito en el hombro.
Caminás. Te
chocás. Mirás vidrieras que no te interesan, con productos que no vas a
comprar. Los nenes te piden un copo de nieve. Después de comer. No, ahora. Cedés.
Se llenan las manos de pegote.
Rogás ir a comer y a descansar. Estás despierto hace 18
horas, te arde la cara, y lo del supermercado te liquidó. Vas al bar más
cercano. No hay lugar. No hay lugar en ningún lado. Hacés fila. Los “nenes” se
fastidian. Resulta que hay que entenderlos porque "tienen sueño", y
los agota "el aire de mar". Los retás. Protestan. Se sientan a comer.
Piden Coca. Hay Pepsi. Todo linea Pepsi. Piden pizza. Te pedís unas rabas, como
todos los años.
Respirás hondo. Te relajás. A lo lejos, un artista callejero
hace retratos en carbonilla de entusiastas veraneantes. "Puedo hacerme
uno, pá?"
Ya todo te
da lo mismo. Hay buenas noticias. Se va terminando el flagelo del primer día de
vacaciones.
1 comentario:
Muy buena radiografía instantánea de un día agitado, y un clásico ritual familiar de siempre, para muchos. Lo de Gándara y el agua mineral gratis Villa de Sur, impagable. Siempre lo recuerdo! también te daban calcomanías. Qué épocas. Feliz segundo día de vacaciones.
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