Cada vez que salgo a comer a algún lugar público, me alimento más de lo que ocurre a mis alrededores, que de la comida misma.Se llevan mi atención, especialmente, las parejas jóvenes, con niños muy chiquitos, especialmente niños que ostentan menos de un año de edad.
Veo entrar a la joven madre, pilas, activa, con el niño en brazo. A una distancia de 5 segundos, observo el ingreso del joven padre, lento, encorvado, con cierto aire de resignación.
Carga, además de su presente, el bolso del niño o niños en cuestión y, comunmente, también carga con la cartera de la dama. Todo eso, como un ritual invariable, como ausente.
Se sientan. Piden. Miran al niñito. Los une el silencio.
El niño suele llorar. Los dos, con las ojeras de una noche en el infierno, amagan buscar un juguete.
Uno de los dos lo encuentra. Lo saca. Lo pone arriba de la mesa. El niño juega. Ellos lo contemplan. En silencio.
El joven padre hace el pedido. Se produce el único diálogo hasta el momento, - "Qué pedís? ravioles?"
Piden. El niño grita. Ella le pide a él que saque una mamadera del bolso. Él no la encuentra. Entonces la busca ella. Y la encuentra, obvio.
El niño toma la leche. Llega la comida. El joven padre, en silencio, no come. Sólo lleva alimento a su cuerpo. La joven madre, atiende al niño. Se enfrían los ravioles.
El niño termina la leche. Está feliz. Viene el mozo. "Retiro?". Los ravioles, fríos, vuelven a la cocina.
Deciden irse. Allí, todo puede ser para peor.
El joven padre levanta el bolso, la cartera, y paga. Y también transportará las camperas.
Ella alza al niño y sale rápidamente del restaurante.
Se van. Unidos por el invencible sonido que emite el silencio.
Los sigo observando. Hago el esfuerzo de imaginármelos cuando tenían vida. . .
2 comentarios:
es genial!!! es verdad, todo verdad! lo sé por haber sido una de esas mamás que quieren vivir un poco, aunque sea, igual que lo hacía antes de ser madre (el rol más sacrificado del mundo!!!). Pero no es cuestión de recluirse o recluir a aquellas parejas en esa situación porque no tendría el mismo efecto. Es decir, si hubiese lugares especialmente ambientados (esto es, muchas parejas con niños llorones y demandantes!!! hello!!!) nadie querría ir!!!! y para aquellos intolerantes que se quejan y miran a esa pobre gente abatida con desdén, les sirve para seguir alimentando esos sentimientos de superación y sus prejuicios para que, luego, cuando sean padres, se sientan aún más miserables y abatidos de lo que jamás se imaginaron. Y a su vez, traten de ir a un restó para sentir que recuperan un poquito de su antigua vida y hagan el papel triste y tragicómico que describe esta sensata nota. VA CON MUCHO HUMOR PERO CON MUCHA VERDAD TAMBIÉN!!!
Gracias por tu respuesta! Claramente estuviste en ese lugar! De todo se vuelve . . .aunque parezca que no.
Hasta la próxima!
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