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| San Telmo, Buenos Aires, Noche. |
Pero aún en esa variedad, bien se sabe que una misma ciudad se divide en dos, distintas: de día y de noche.
De ambas versiones, vale la pena detenerse en la noche. En esa versión de ciudad en la que sin la presencia del sol, el alma parece salir a andar, buscando el eco de las esquinas.
Las ciudades, de noche, brillan más. Esconden sus pecados, ocultan sus condenas. Y sus veredas se pueblan de verdaderos protagonistas de una película de terror, romántica y de humor (un Woody Allen auténtico) que está pasando ahí.
Los bares suben el volumen de su música, sacan las mesas a a calle; las plazas se vacían, aunque reciben a forasteros en busca de un destino; por la noche, las ciudades se iluminan como aquellas casas de familia que se visten para su mejor banquete.
Joaquín Sabina, cantautor español, la define de este modo (luego de sus versos, lo mejor, será el silencio, al menos de este cronista)
La noche que yo amo es turbia como tus ojos
larga como el silencio, amarga como el mar.
La noche que yo amo crece entre los despojos
que al puerto del fracaso arroja la ciudad.
La noche que yo amo tiene dos mil esquinas,
con mujeres que dicen: “¿me das fuego chaval?”
y padres de familia que abren sus gabardinas
la noche que yo amo no amanece jamás…
La noche que yo amo es un sótano oscuro
donde van los marinos que quieren naufragar.
Hay siempre algún borracho sujetando algún muro,
llamas de madrugada y te dejan entrar.
Los profetas urbanos salen de sus guaridas
cuando la noche calza sus botas de metal.
Y bailan agarrados el loco y el suicida.
La noche que yo amo no amanece jamás…
http://www.youtube.com/watch?v=DFhKShgyFFg

1 comentario:
Si Sr. Me identifico como ese animal nocturno que aprecia las ciudades cuando duerme la mayoria. Ademas he descubierto ese encanto que describes aun en pequeños pueblos perdidos donde la noche pareciera apagar todo. Que grande Sabina tambien!! Abrazo
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