Si bien es cierto que luchar contra el alto calor puede ser una disputa estéril, llevo pruebas en mi memoria de casas en las que el calor era menos calor, la vida era más vida, y el fresco era más fresco.
Casas que habitaban, o habitan aún, sobre colchones de adoquines. Casas a las que se accede subiendo dos escalones de mármol, preludios de un zaguán en el que el eco es más fuerte que el ruido de la calle, que por cierto es casi nulo.
Depositados frente a una puerta cancel que suele tener llave, esos amplios y altos ambientes anti calor nos regalan "piezas" que dan a la calle, y que son las que se esconden detrás de esas ventanas coloniales rectangulares. "Piezas" donde el piso de madera está tan perfecto, que el ruido que hace cuando uno lo pisa, es solo eso, ruido.
El "patio de adentro", muy característicos de estas casas, alberga sillones y un techo móvil, con autonomía para decidir cuánto sol entra a esa casa. Ahí uno de los secretos del anticalor.
Amplio comedor, escondido detrás de puertas y ventanas de hierro, combinado con vidrios repartidos en cuadrados, paneles donde tranquilamente podríamos jugar a las damas.
El fondo, un paraíso de ciruelos, parrales, bancos de hierro, y sombras genuinas, donde el viento regula su andar y se queda a descansar, casi como un guiño cómplice de los eneros más furtivos. Viento a domicilio.
Lavaderos en galpón, con piletones de cemento y piedra, y un pedazo de manguera adherido a la canilla, como una guía para el agua fresca que cae, escapando del pozo.
Los techos de estas casas llegan al cielo. Las puertas son postigos pesados que nunca se cierran, se entornan. Máquinas de coser a pedal, balanzas para cuando entra el verdulero, jaulas con pájaritos de musica funcional.
Todo sobre baldosas frescas, de esas que aparentan esconder en su seno un hielo eterno. Allí el otro secreto del anti calor. Sentarse en el piso era entrar en aire acondicionado.
Este lugar existe. Está en Ambrosoni 1339, Victoria, a media cuadra de la plaza, para quien quiera espiar. Doy fe que nunca hacía calor.

3 comentarios:
Te felicito por este post, captura la escencia de otro tiempo perfectamente. Describe una casa que a la vez son muchas. Me gustaron los toques de buen humor que alejan al lector del concepto erroneo de que todo tiempo pasado fue mejor, no es lo que el autor esta diciendo. Personalmente tampoco creo que sea asi pero no por eso hay que dejar de valorar esa historia que esta ahi, a la vuelta de un picaporte. Algun dia nuestras casas modernas estaran asi descriptas. La verdad este post logro despertarme la melancolia y la nostalgia de cerrar los ojos y estar en la casa de mi abuela. Gracias.
A mi me pasó lo mismo, vinieron a mi mente muchos recuerdos, si bien la casa de mi abuela no tenia un fondo con árboles, si tenía el patio central con techo corredizo y muchas cosas mas de las casas de esa época. Una hermosa forma de describir espacios, lugares,costumbres, seres, en todas tus notas. Una hermosa forma de transformar lo simple en poético.
Impecable. Volví inmediatamente a la época en que las siestas eran inquebrantables. En donde había que cerrar los postigos pasadas las 11 de la mañana para "mantener el fresco" y así poder disfrutar debajo de algún abrigo las horas sagradas que procedían los largos almuerzos. Me tocó criarme en el campo junto a mis abuelos. Y en pocos días vuelvo de visita a la que supo ser mi casa, en donde el calor era menos calor, la vida era más vida y el fresco era más fresco.
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