miércoles, 31 de julio de 2013

Comida rutera en el auto. Claves para un viaje sin migas.


A pocos días de terminar las vacaciones de invierno, vuelve a plantearse un debate que mantiene en vilo a todos aquellos que con esmero organizan una “escapada”, la cual implica transportarse en auto por la ruta: ¿Qué llevamos para comer durante el viaje? ¿Cuándo se puede empezar con la comida? Lo que llevo, ¿alcanza? ¿Se pudre? ¿Necesito una heladerita?

A más de 100 años desde la creación del auto, queda comprobado que existen alimentos pro – ruta y otros que atentan contra un normal desarrollo del viaje.

Si hablamos de galletitas . . .

se recomienda escapar a las galletitas de agua ya que las mismas presentan una fuerte tendencia a la miga. Es muy común observar la lucha del conductor que con una mano en el volante intenta con la otra partir en dos la galletita de agua, buscando también un equilibrio a partir de extraños movimientos de sus labios, evitando la caída de la galletita. Seguidamente, la zona de la barriga, en la unión con la cintura y la zona alta de las piernas será depositaria de todas las migas. Salvo, claro, que acepte la decadente imagen de andar manejando con un repasador en las piernas, que oficie de receptáculo de las migas (puede ser el mismo que se pone en la ventana para frenar el sol).

Al referirnos a infusiones, el agua es garantía de tranquilidad. Eso sí, se debe evitar el sorbete. Otra vez en la figura del conductor que, al no poder bajar la cabeza o la mirada para lograr agarrar con la boca el sorbete, se ve obligado a improvisar movimientos circulares con la cabeza (tipo perrito Dálmata lunetero) intentando “tocar” el sorbete con los labios y allí ¡ZAS! afirmarlo con los dientes.

El mate suele ser una opción para los ruteros de estos lares. Eso sí, requiere de una excelente predisposición del acompañante, dado que no es cualquier mate el que se acepta. Debe ser con poca yerba y en lo posible con más agua de lo normal, ya que debe tender a la larga duración (para quien lo está tomando).

La posibilidad de un termo con café no se descarta, aunque las múltiples opciones para su confección ya son sinónimo de fiaca. Que cortado, que lágrima, que ponele más leche que café. Que quema.

Se sugiere evitar, por cierto, la posibilidad de bebidas con gas, por la incomodidad que pueda generar en el interior de quien las ingiera.

En cuanto a una comida más fuerte que venga a ocupar el lugar de un almuerzo o cena, se recomienda el sandwichito de miga, sea éste comprado o realizado de modo artesanal, la noche antes de salir, entre valijas abiertas, cédulas verdes que no aparecen y dudas respecto de la vigencia de la VTV. En cualquier caso, el sandwichito de miga es un noble compañero, de fácil proceso y cumple con las necesidades básicas, sobre todo del conductor.

Es recomendable evitar la tentación del  sándwich de milanesa, o cualquier variante de ese tenor, ya que se sometería al conductor a una lucha despiadada entre mordiscos, caídas de mayonesa que desborda, y la miga. Otra vez la miga. Y el temita del olor de la milanesa. Se impregna. Lo sabemos.

Algunos complementos gastronómicos adicionales que deben ser tenidos en cuenta para el viajero rutero:

Si viaja con chicos, los caramelos son un arma fundamental. No tanto por el gusto ni la simpleza en el transporte de los mismos, sino por su utilización para el sistema de premios y castigos. El tráfico de caramelos entre el asiento de adelante y el de atrás se transforma en una negociación permanente y un arma clave para “papis”. Se recomienda, de todos modos, un paso por el dentista pediátrico, a la vuelta del viaje.

Para adultos, es recomendable un depósito alimenticio de rápido acceso, que haga las veces de las históricas vituallas: alfajor, barrita de cereal, caramelos refrescantes. Un espacio al que recurrir fuera de horario, incluso para el conductor, en el caso que el acompañante (flojo) se haya dormido.

Y aquí, el quid de la cuestión: ¿cuándo es el horario correcto para empezar a comer en el auto? ¿Qué hacer si nos da hambre a dos cuadras de haber dejado nuestro hogar, y por delante tenemos seis horas de viaje? ¿Existe un reglamento que nos obligue a empezar a comer recién “cuando entramos a la ruta”? ¿Por qué?

Como en cualquier orden de la vida, lo mejor es vivir sin prejuicios, dejándonos llevar por lo que se nos presenta, y disfrutando de cada momento.

Entonces, si sentís ganas de empezar con el mate a los cinco minutos de haber salido, o te tienta el olor a fiambre que sale de la bolsita ubicada a los pies del acompañante, en el que guardaste los sandwichitos de salame y queso, y sentís que no aguantás más: ¡avanzá! ¡Comé, tomá! ¡Y disfrutá el viaje a tu manera! Siempre teniendo en cuenta el mejor momento para hacerlo para no generar inseguridad ni riesgos.

Maneras hay muchas, pero sin dudas podemos armar una lista de los alimentos o bebidas que no pueden faltar en un viaje rutero. Yo tengo mi lista, ¿y vos?

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